Los retos del desarrollo sostenible

Los retos del desarrollo sostenible

Por Juan Alanis

Los países latinoamericanos, en su mayoría, no han hecho conciencia suficiente sobre el potencial económico y los beneficios sociales que implica la utilización de recursos naturales renovables como el agua, la pesca, la biodiversidad, la madera, los suelos, el aire, entre otros. El uso sostenible de los recursos naturales renovables supone la creación y desarrollo de sistemas administrativos y de manejo, así como de instrumentos de mercado.

Por su parte, las políticas y gestión del uso sostenible de recursos naturales renovables en países desarrollados, apuntan a garantizar los servicios ambientales para el sostenimiento de las actividades económicas de sus territorios, y a garantizar un ambiente sano que dé sostén a una buena calidad de vida de los ciudadanos.

Sin embargo, y además del tema meramente ambiental, se discute también en la arena internacional el enfoque de la sostenibilidad como nuevo modelo del desarrollo, conocido como desarrollo sostenible. ¿Qué implica el desarrollo sostenible? Un mayor equilibrio en la toma de decisiones y ejecución de acciones concretas, que considere de forma inter y multidisciplinaria, e integralmente, criterios y aspectos sociales, económicos y ambientales, teniendo como objetivo último al ser humano y, a partir de él, a las sociedades, naciones y regiones.

En este sentido, en términos económicos el cambio de enfoque del desarrollo hacia la sostenibilidad implica, además de un crecimiento económico sostenido y eficiencia, la inclusión de externalidades ambientales y la distribución equitativa de ingresos, así como el mantenimiento de las existencias básicas de capital, incluyendo el capital humano y el natural.

En el ámbito social, el cambio de enfoque significa pasar de uno simplista de reducción de pobreza, a incluir una gran cantidad de criterios que fortalezcan el capital humano y el capital social, e involucren a la gente en su propio desarrollo y en el desarrollo de sus sociedades. Se consideran aspectos tales como el fortalecimiento de la participación ciudadana, gobernabilidad, transparencia administrativa y rendición de cuentas, movilidad social, liderazgo social y en general y como tema relevante la equidad, entendida como el acceso de todos los habitantes a los servicios que presta la sociedad en su conjunto, como educación, salud, justicia, transporte y servicios públicos, entre otros. Asimismo, implica el acceso equitativo al desarrollo de actividades productivas, que garanticen al individuo y sus familias la capacidad de autosustento. Otro aspecto social del desarrollo sostenible lo define la necesidad de fortalecer la interdependencia, lazos, nexos y comunicación entre las comunidades humanas que supone comprender que las desigualdades sociales constituyen una amenaza para la estabilidad y la viabilidad a largo plazo de la convivencia humana.

El tema de la equidad en el desarrollo sostenible se extiende no solo a nivel internacional si no también intergeneracional, donde las actuales generaciones son responsables de que las futuras gocen de los medios para satisfacer sus necesidades. Es decir, se trata de un desarrollo que satisfaga los requerimientos básicos de la población presente, sin deteriorar el capital natural a niveles que no permitan que las generaciones futuras satisfagan sus propias necesidades.

Desde el punto de vista ambiental, como se mencionó, el enfoque del desarrollo sostenible busca respetar la capacidad de la naturaleza para el suministro de recursos y servicios para el mantenimiento de la vida. De esta manera, los aspectos más relevantes en América Latina, en términos ambientales, además de la conservación de la naturaleza, son los de involucrar en sus economías la planeación y administración de los recursos naturales renovables, como base para garantizar un ambiente sano y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Son prioritarias, en estos objetivos, las áreas urbanas, dada la alta concentración de población.

A pesar de que en el pasado siglo muchos de los indicadores utilizados para evaluar el progreso y el desarrollo de la humanidad, como pudieran ser la expectativa de vida o el ingreso per cápita, han mejorado en proporciones sin precedente, el impacto humano sobre el ambiente también ha aumentado drásticamente. Si bien es cierto que en muchos países desarrollados el aumento del PIB se traduce en mejores calidades de aire y agua, la vasta mayoría de los problemas globales como la deforestación de los bosques tropicales, el aumento de los gases de efecto invernadero, o el incremento en la generación de desechos sólidos, por ejemplo, continúan sin solución. En la superficie, las fuentes de alimentos, la producción agrícola y el crecimiento económico aparecen robustos; sin embargo, el impacto ambiental acumulado de este crecimiento económico pone en riesgo procesos ecológicos y climáticos que son la base del bienestar humano y de la vida en el planeta como la conocemos. Dicho de otra manera, se manejan los problemas ambientales locales y se generan cada vez más problemas ambientales globales.

En la búsqueda de crecimiento económico, las naciones en vías de desarrollo buscan emular los modelos establecidos por aquellas naciones industrializadas y desarrolladas. Estas concepciones implicarán, por ejemplo, mayores requerimientos energéticos para transporte y servicios de refrigeración, lo que aumentará el nivel de emisiones de gases efecto invernadero. Significarán también un aumento en el uso de fertilizantes para la producción agrícola, el aumento de los desechos humanos, y la quema de combustibles fósiles, contribuyendo aún más a la actual saturación del ciclo de nitrógeno, que ha acarreado una serie de impactos negativos asociados al deterioro de los suelos, la eutroficación de aguas dulces y salobres continentales y el aumento de la lluvia ácida. La urbanización y la expansión agrícola y minera continuarán encogiendo el área natural y degradando la calidad de los bosques tropicales. Se estima que el mundo ha perdido la mitad de sus zonas boscosas por la conversión a zonas agrícolas, áreas de pastoreo, o zonas de asentamientos humanos y comerciales.

La debilidad institucional de los gobiernos nacionales, regionales y locales para afrontar la gestión pública con eficacia y transparencia, ha conducido a que los procesos de descentralización de competencias, modernización administrativa y las privatizaciones no hayan producido los resultados esperados en términos del logro de una mayor eficacia y eficiencia, la reducción de gastos burocráticos y de gobernabilidad. Todo ello como reflejo de las discontinuidades que se derivan de la alternabilidad democrática pero sin incorporar suficientemente elementos de participación ciudadana tales que permitan garantizar una mayor coherencia en el diseño y ejecución de políticas y su prolongación en el tiempo.

Redaccion

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