Peña Nieto congela destapes para la Presidencia

Peña Nieto congela destapes para la Presidencia

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En previsión de que algún priista vaya a querer enfilar ya hacia la sucesión presidencial de 2018, ayer, desde el atril montado en el estacionamiento de la sede nacional del PRI, el presidente Enrique Peña Nieto, como en aquel viejo juego infantil de “encantados”, tocó a todos los probables contendientes y, así, congeló cualquier ansia proselitista.

No obstante que algunos se adelantan al calendario electoral del 2018, para nosotros, los priistas, estos son tiempos de trabajar y de cumplirle a México. Hoy no hay espacios para proyectos personales. Hoy es momento de un proyecto de nación. Si algo distingue al PRI, si algo caracteriza al PRI, es su responsabilidad y seriedad para ofrecer soluciones viables a los problemas nacionales. Sin embargo, no debemos confiarnos.”

El llamado presidencial a que nadie mueva sus aspiraciones en tanto él no diga “a las tres se quema la base, uno, dos, tres”, y abran la carrera sucesoria en el PRI fue tan rotundo y contundente que, de inmediato, cualquier aspiración electiva quedó paralizada.

Ése fue el caso del gobernador de Chihuahua, César Duarte. Mientras batallaba con un río humano, en su intento infructuoso por encontrarse con el presidente Peña a las puertas del auditorio Plutarco Elías Calles, al término del evento Unidad para continuar la trasformación de México, Duarte fue consultado por Excélsior sobre la posibilidad de suceder, en semanas, a César Camacho, como líder priista.

Soy muy respetuoso de lo que acaba de decir el Presidente. No tengo ninguna posición”, Duarte cortó así cualquier posibilidad de insistir sobre el tema, que en los medios lo ha llevado a convertirse en el antagonista del diputado sonorense Manlio Fabio Beltrones, quien mucho antes del “encantado” presidencial, ya había levantado la mano para hacerse cargo del PRI por los próximos cuatro años.

Es cierto, Duarte se plegó al llamado de Peña Nieto, aunque éste fue exclusivamente para la candidatura priista a la presidencia. Y es que el chihuahuense no quiso exponerse, pues como todos debajo de aquella enorme carpa de lona blanca, pudo escuchar las estruendosas ovaciones que obtuvo Beltrones, tanto por los eufóricos egresados de la Escuela Nacional de Cuadros como cuando fue presentado formalmente, antes del senador Emilio Gamboa y después de Ivonne Ortega, la secretaria general del PRI. De hecho, después del presidente Peña, Beltrones fue el que más elevó los decibeles de apoyo.

Nuño o Navarrete, el líder joven

En las largas filas que la mayoría de los priistas tuvieron que hacer para llegar a sus lugares en el improvisado auditorio hacían sus pronósticos de quién llegará a la dirigencia de su partido, a mediados de agosto.

En función de los resultados obtenidos en la Cámara de Diputados y el triunfo en la elección en Sonora, muchos creen que Beltrones debería ser el líder. Pero puestos en los zapatos del gobierno priista, ven que la posición ideal para Beltrones sería la secretaria de Gobernación o la de Educación, para, desde ahí, competir por la candidatura presidencial, cuando se acabe el “encanto” del Presidente; y César Duarte a la dirigencia del PRI, por los logros obtenidos en su administración.

Con lo que no contaban aquellos pronosticadores fue que, en su discurso, el Presidente perfiló a un dirigente nacional del PRI más bien joven. Se barajaron los nombres de Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia, o del secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, que ayer, como muchos priistas iba también de chamarra roja, con el logo de la escudería Ferrari estampado en el lado izquierdo.

En su discurso, el Presidente bosquejó así al sucesor de Camacho: “Tenemos que definir juntos el PRI que queremos para los siguientes años… para que siga siendo el partido de la transformación nacional. Es momento de que el PRI actualice su organización y estructura para reflejar las nuevas condiciones y dinámicas sociales del país. Es momento de que el PRI regrese a las universidades, que despierte nuevamente el entusiasmo de la juventud. Es tiempo y oportunidad de que nuestro partido sea un espacio de participación para los jóvenes talentosos, comprometidos con su país”.

Devoción y entrega

Fue por las filas de priistas de a pie por donde Beltrones entró en la sede del partido, a eso de las 9:50 horas. A diferencia de cómo lo hicieron todos los gobernadores, secretarios de Estado y dirigentes partidistas, que llegaron por la calle de Violeta, a bordo de sus vehículos, y entraron con el correspondiente salvoconducto.

La apertura de los trabajos del Consejo Político Nacional, de donde surgirá la nueva dirigencia del PRI, tuvo tintes de acto de campaña. No solamente por la devoción de los priistas a Peña Nieto, sino por la entrega del Presidente hacia sus entusiastas y ruidoso correligionarios.

En los enormes monitores colocados en los extremos del escenario, a las 11:14 horas, apareció el presidente Peña Nieto acompañado por César Camacho. Los miles de priistas que llenaron las gradas tubulares antes de las diez de la mañana tronaron en porras para Peña Nieto, enfundado en una chamarra rojo quemado.

Como en campaña

Tan pronto como el Presidente vio aquella muchedumbre entró en su mero mole: saludar gente; tomarse selfies; dejarse abrazar y besar por las priistas; subirse a un banco desde donde lanzar saludos al aire y golpear con la mano derecha su pecho a la altura del corazón, como señal “de los quiero mucho”.

Peña Nieto iba de una valla a otra saludando, mientras los elementos del Estado Mayor Presidencial, con el general Roberto Miranda al frente, iban sudando la gota gorda para evitar que la gente se le abalanzara al jefe del Ejecutivo que se veía feliz, como en sus mejores días de campaña.

—Le encanta— soltó algún priista en las primeras filas, refiriéndose a que al Presidente le gusta acercarse a la gente.

—Es lo que más disfruta— reviró otro.

En algún momento de los 18 minutos que al Presidente le tomó llegar al escenario se quitó la chamarra, mientras Jorge Corona iba muy al pendiente de su jefe y de vez en cuando hacía de fotógrafo.

Para subir al templete, el Presidente de México se volvió a poner la chamarra, que luego se volvió a quitar.

El discurso de Peña Nieto duró 34 minutos. En ese lapso habló de lo que su administración logró con las 12 reformas estructurales. “Estas reformas no son las reformas del Presidente. Son las reformas del PRI, de un PRI con visión de futuro y comprometido con México”, dijo.

También se refirió a lo que el PRI ha significado para el progreso del país, después de la Revolución de 1910. Durante toda su exposición, Peña Nieto solamente hizo una mención de un personaje de la historia, el del presidente Adolfo López Mateos, con motivo de haber puesto en marcha el libro texto gratuito.

Si el trayecto del Presidente hacia el escenario minutos atrás había metido en un brete al Estado Mayor Presidencial, la salida del lugar fue peor.

Peña Nieto fue a despedirse de mano de cada uno de los invitados en la primera fila. Para todos tuvo un comentario, un abrazo, una palmada.

Como fue el caso cuando llegó hasta el sitio del diputado federal Heriberto Galindo, a quien tomó por el hombro. “Beto, que bien te ves delgado, te felicito; estoy pendiente de hablarte para que nos reunamos”. Y el sinaloense, que bajó 35 kilos en los últimos meses y va en el uno-dos-uno con David López por la candidatura a la gubernatura de Sinaloa, le respondió “cuando ordene señor Presidente”.

Así, el presidente Peña Nieto, núcleo de un alboroto priista, siguió su camino de salida de la sede, feliz, como niño con juguete nuevo, como cuando andaba en campaña.

(Fuente: Excelsior)

Redacción

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