Protección ejecutiva en tiempos de Covid

Protección ejecutiva en tiempos de Covid


La pandemia causada por el virus SARS Cov-2 causante de la enfermedad COVID -19 llegó para cambiar nuestro mundo y nuestras vidas para siempre. Independientemente si se encuentra pronto una vacuna o un tratamiento, nuestro desenvolvimiento en los ámbitos sociales, familiares y laborales será profundamente modificado.

Todas las profesiones sufrirán las adecuaciones en sus procesos, en una mayor o menor medida y la protección ejecutiva no será la excepción.

Siempre hemos insistido que la tarea del protector es evitar no solamente los daños intencionales, sino también los no intencionales. La pandemia que estamos viviendo es un claro y a la vez drástico ejemplo del impacto que puede tener una amenaza no intencional en nuestras operaciones.

Una de las múltiples tareas de un escolta es defender a su cliente de cualquier agresor, aunque sea microscópico -como es el caso con el virus SARS- Cov- 2.

En este caso, el protector se debe asegurar que no sea él mismo que representa un posible riesgo de contagio, por lo que debe de aplicar las medidas generales sanitarias de prevención a nivel personal, dentro de su hogar, con sus familiares y en su entorno social. Como en cualquier otra agresión, el escolta busca proteger al cliente, pero también protegerse a sí mismo.

La observancia de medidas sanitarias, ampliamente difundidas por las autoridades, debe ser mucho más estricta para un protector sin dejar de lado lo siguiente:

•          Evitar contacto cercano con personas que padecen cualquier enfermedad respiratoria.

•          Mantener un registro cuidadoso de las personas con las que interactúa de forma cercana, mantener la comunicación con ellas y en el caso que resulten sospechosos de COVID-19 aislarse, hasta que se puede definir la situación tanto del contacto como del protector mismo.

Si el propio escolta resulta un caso sospechoso de COVID debe realizarse la prueba de manera inmediata, aislarse en lo que espera los resultados e informar a los superiores. Es frecuente que, en estos casos, el propio ejecutivo por políticas corporativas también se aísle en lo que se define la situación de su protector.

En la medida que las pruebas para detectar tanto la enfermedad como la inmunidad se vuelvan más confiables y accesibles, podemos esperar que sean solicitadas a los protectores especialmente si el protegido está considerado dentro del grupo de las personas vulnerables.

Para todos los agentes de seguridad, es de suma importancia mantenerse en un estado físico y de salud óptimo – aunque sabemos que no siempre es el caso.  Conociendo la realidad operativa de muchos protectores, especialmente en América Latina, sabemos que, debido a sus largas jornadas de trabajo y otros factores de la operación, es muy difícil tener una dieta sana y tener tiempo de hacer ejercicio. Así mismo pocas horas de sueño y alto estrés pueden debilitar el sistema inmune. Todo esto en conjunto, hace que no pocos de los protectores pueden también entrar en la categoría de los vulnerables ante el virus SARS -Cov-2.

Ahora más que nunca es importante mantener o crear los hábitos de ejercicio físico, realizar exámenes médicos de manera periódica y hacer un esfuerzo de tener una dieta lo más equilibrada posible.

Existen muchas aplicaciones para teléfonos celulares que pueden ayudar al escolta para que, con solo media hora diaria, en su casa, mediante ejercicios funcionales se mantenga en una condición física aceptable. Así mismo es importante que ingiera mucho líquido, evitando las bebidas azucaradas, e incluya en su dieta frutas y verduras, evitando alcohol, tabaco y la comida “chatarra”. Claro, tanto los ejercicios como la dieta deben ser consultadas con un médico.

Todo lo relativo a la salud de los protectores ahora se torna muy importantes y es de esperarse que los empleadores se pongan mucho más estrictos con la condición de salud de los escoltas. Así que su trabajo puede depender de esto.

En la medida de lo posible los responsables de las operaciones de seguridad deben procurar evitar que los protectores usen el transporte público. Es preferible que se les apoye con los recursos de la empresa o del protegido para sus traslados, con el fin de disminuir el número de contactos que pueden tener al ir o regresar del trabajo.

Antes de entrar a sus labores, el protector debe pasar por un filtro sanitario y no debe iniciar ninguna actividad si presenta cualquier síntoma de COVID-19, ni de cualquier otra enfermedad respiratoria.

Los espacios de trabajo deben ser sanitizados de forma continua, incluyendo todos los objetos que se usan con frecuencia: celulares, radios, llaves manijas etc. Asimismo, el lavado de manos frecuente es obligatorio evitando tocarse ojos, nariz y boca.

Se recomienda para los escoltas portar el equipo de protección que debe consistir en: un cubrebocas, preferentemente de alta eficiencia, lentes protectores que no afecten la visión periférica, guantes, así como gel anti bacterial. Es de suma importancia utilizar el equipo de protección certificado y de marcas reconocidas ya que el uso de algunos cubrebocas de mala calidad que lamentablemente han inundado el mercado puede ser nocivo para la salud.

Los vehículos deben ser sanitizados, incluido el sistema de aire acondicionado después de cada uso. Además del acostumbrado botiquín que debe contener también termómetro y oxímetro, el vehículo debe tener gel anti bacterial y los cubrebocas extras, en el caso de que el ejecutivo o alguno de sus acompañantes lo requieran. Unas palabras de precaución:  alcohol en gel es altamente inflamable por lo que se recomienda no tenerlo en grandes cantidades y retirarlo del vehículo al salir del mismo.

Durante la operación, en los tiempos de espera, los protectores no deben ser reunidos platicando, como erróneamente a veces acostumbran, sino alejados y ubicados estratégicamente en sus puestos de observación: tanto para prevenir cualquier delito como para prevenir contagio.

Al estar protegiendo al ejecutivo durante la caminata, la distancia operativa que toma el escolta con respecto al ejecutivo generalmente equivale a la “sana distancia” con la que se previenen los contagios. El escolta debe de observar esta distancia en todo modo, pero también debe estar siempre suficientemente cerca para intervenir si llega a ser necesario.

Si en algún momento una persona, o alguna multitud, fans o reporteros tratan de abordar al protegido, el escolta se puede y debe acercar, (ya que porta el cubrebocas que los protege a ambos), y alejar a las personas del protegido a una distancia segura tanto para prevenir contagio como para prevenir cualquier agresión.

En otros aspectos del trabajo operativo, como son las avanzadas de seguridad, realizadas por los escoltas previo a la llegada del ejecutivo a algún sitio, a la larga lista de las condiciones que hay que revisar, deberán ser incluidos muchos puntos relacionados con las medidas de higiene y de distanciamiento social.

Ahora más que nunca es fundamental tener en todo momento estudiadas y listas las rutas más rápidas y seguras para llegar al servicio de urgencias del hospital más cercano y, claro con la disponibilidad de recibir pacientes.

Todo esto son solo algunas medidas que seguramente irán cambiando conforme la ciencia obtenga más información sobre el nuevo coronavirus. Cuánto tiempo estarán vigentes y con qué intensidad, dependerá del tiempo que tomará desarrollar un tratamiento eficaz, y también una vacuna, pero muy importante hasta que la comunidad científica tenga las evidencias contundentes sobre si existe y cuánto dura la inmunidad efectiva al virus.

Hasta ahora todo apunta a que la inmunidad efectiva existe, pero no hay suficientes evidencias científicas al respecto como lo ha señalado recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS). Podemos pensar que un protector que ha adquirido la inmunidad, por superar la enfermedad, puede prescindir de algunas de las medidas ya que no puede contagiar ni contagiarse, sin embargo, hasta que tengamos una evidencia científica aceptada por las autoridades de salud mundial y local, debemos de tratar a todos los protectores como susceptibles al virus, independientemente si han tenido o no la enfermedad y aplicar todas las medidas con rigor.

Todas las lecciones que estamos aprendiendo de esta gran crisis sanitaria mundial, resaltan una vez más la importancia que en la protección ejecutiva tienen las actividades para evitar daños no intencionales que por lo general han estado ignoradas antes de esta pandemia.

Pero el reto sanitario no es el único que esta pandemia pone ante un profesional de la seguridad ejecutiva. Los efectos devastadores que esta calamidad ejerce sobre la economía de todo el planeta han provocado un exorbitante y repentino crecimiento del desempleo. Esto, sin duda, se traducirá en un aumento de conductas delictivas, lo que a su vez elevará los riesgos para los ejecutivos.

Debemos tener claro que el COVID-19 con todos los cambios que conlleva es solo una de tantas amenazas que acechan a los ejecutivos y poner un excesivo énfasis en una sola amenaza por grande que sea nos puede distraer de otras tantas, inclusive más peligrosas.

Es por esto fundamental seguir actualizando continuamente nuestros análisis de inteligencia para observar los delitos emergentes en nuestras zonas de operación, contemplando las medidas eficaces para evitarlos. También, es esencial reforzar las actividades de contravigilancia que nos permiten detectar un ataque en la fase de planeación con el fin de prevenirlo.

Finalmente, si lo anterior falla, la aplicación de operaciones de Alerta Temprana es la mejor medida de desactivar una agresión justo antes de que ocurra.

Con estas acciones para prevenir los daños intencionales y no intencionales nos esforzamos para mantenernos a la raya tanto del virus como de la delincuencia.

admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.