Violencia, narcotráfico y corrupción

Violencia, narcotráfico y corrupción

Por Juan Alanis

América Latina se encuentra entre las regiones del mundo con uno de los mayores índices de violencia, corrupción y participación en las actividades relacionadas con el narcotráfico. Estas características sociales e institucionales han sido objeto de investigación bajo diferentes ópticas académicas en los últimos años, las cuales han permitido un avance en la comprensión y análisis de la dimensión de dichos fenómenos.

Sin lugar a dudas, estos tres importantes temas hacen parte esencial de la agenda internacional, lo que de hecho los vincula de manera directa con la agenda interna de cada uno de los estados latinoamericanos atendiendo a su condición de asuntos “intermésticos”.

Con diferentes grados de intensidad y en diversas circunstancias estos tres elementos se han visto entrelazados en algunos de los países del área, creando un círculo vicioso difícil de vencer. En América Latina en general y dentro de los países andinos en particular, el narcotráfico ha tendido redes de corrupción que permean las instancias de la vida social y económica, y a la vez ge- neran situaciones de violencia difícilmente controlables.

De otro lado, los nefastos efectos de la corrupción inciden de manera directa en el desarrollo económico y social de los países afectados, a pesar de que no es fácil determinar a ciencia cierta la magnitud del daño causado. De igual manera, llevan a que las causas objetivas de la violencia se perpetúen, haciendo aún más difícil la efectividad de las políticas públicas en- caminadas a reducir sus consecuencias. Es así como en algunos casos la institucionalidad democrática se ha visto amenazada por la presencia de uno o varios de los temas antes mencio- nados.

Tomando en cuenta estas situaciones, durante los últimos años diversas instancias del sector público y privado, así como organismos internacionales, han venido analizando este tipo de fenómenos para identificar la dimensión y alcances de los mismos y también promover, en la medida de lo posible, la adopción de políticas conjuntas para enfrentarlos.

El presente trabajo busca hacer una descripción general, así como aportar elementos para la discusión sobre los fenómenos de la violencia, la corrupción y el narcotráfico en América Latina –con énfasis en los países de la región andina–, tratando de aislar sus principales determinantes y presentar algunas recomendaciones de políticas públicas para actuar en dichos campos sobre la base de los avances recientes en su análisis y comprensión.

La corrupción se ha convertido en uno de los fenómenos más generalizados a nivel internacional, con especial repercusión en América Latina, revistiendo manifestaciones directas tanto en el sector público como en el privado. Diversos informes de organismos multilaterales así como de instituciones privadas, tienden a señalar este delito como un cáncer que termina por corroer los fundamentos de la institucionalidad democrática en los estados donde se presenta, generando consecuencias que afectan el desarrollo económico y la gobernabilidad.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, la corrupción es la “acción o efecto de corromper o corromperse”. A su vez, corromper es “alterar y trastocar la forma de alguna cosa. Echar a perder, depravar, dañar, podrir. Sobornar a alguien con dádivas o de otra mane- ra. Pervertir o seducir a una persona”. Jurídicamente cada legislación interna define una tipología propia, que en principio debe estar adecuada a los estándares internacionales adoptados por los instrumentos legales vigentes12.

Sin embargo, los costos que representa no son fácilmente mensurables, aunque existen di- versas hipótesis para acercarse a su cuantificación. Lo que sí es cierto es la necesidad de generar normas de transparencia en la ejecución de actividades públicas a través del concepto de accountability –o rendición de cuentas–, así como en las normas de contratación y, en general, del buen manejo de los recursos públicos.

A pesar de que como se mencionó los efectos de la corrupción no son fácilmente demostrables, una de sus principales consecuencias está relacionada con la distorsión que se produce en la economía, pues tiende a generar barreras al crecimiento y a propiciar la ineficiencia en el sector público y privado.

El alto grado de desconocimiento que existe sobre los alcances reales de la corrupción trae aparejadas una magnificación o bien una minimización de la misma, con las graves consecuencias que se derivan de dicha apreciación para enfrentar este flagelo. En un evento organizado por el Centro Carter sobre Transparencia para el Crecimiento en las Américas el entonces secretario del Tesoro de Estados Unidos, James Rubin, resaltó que este flagelo puede llegar a convertirse en ciertos casos en el im- pedimento más importante para el crecimiento económico sostenible. Por su parte, en la misma reu- nión, el ex presidente Jimmy Carter afirmó que “la corrupción es un obstáculo a la inversión extran- jera y una amenaza a la estabilidad democrática en todo el mundo, no solamente en las Américas”.

Así mismo, el presidente de Costa Rica, Miguel Ángel Rodríguez, consideró que “… la crisis financiera global de los últimos dos años resaltó la dimensión económica de la corrupción. En algunos países la corrupción incrementó la vulnerabilidad de la crisis. En otros la corrupción fue un impedimento significativo para la puesta en práctica de las respuestas necesarias a la crisis y el restablecimiento de la confianza ante los mercados financieros globales”. Desde un punto de vista meramente económico existen diversos ángulos de aproximación al problema. Para J. Vásquez Caro, desde el ángulo macroeconómico la corrupción tiene efectos sobre el déficit fiscal al aumentar el gasto y disminuir la recaudación de impuestos, así como en la inflación pues los gobiernos se ven forzados a emitir dinero para financiar el déficit fiscal.

Con diferentes grados de intensidad y en diversas circunstancias, estos tres elementos se han visto entrelazados, en mayor o menor grado, en la mayoría de los países del área. Las dinámicas perversas generadas por la coexistencia de estos fenómenos han originado la necesidad del diseño e implementación de unas políticas públicas que tengan en cuenta la interrelación de dichos fenómenos y la interdependencia entre los diferentes países a fin de entender la problemática y diseñar estrategias efectivas para lograr soluciones.

Asimismo, es importante resaltar que la solución de estos problemas no solamente depende de políticas de Estado, sino que la participación de los diferentes estamentos de la sociedad civil, el sector privado y la comunidad internacional es determinante para hacer más efectivas las soluciones planteadas a los diferentes problemas. Al presentarse la sociedad como el mayor demandante y beneficiario de una solución efectiva de los problemas de la violencia, la corrupción y el narcotráfico, se crean diversidad de campos de acción para hacerle frente a uno de los principales desafíos actuales de las democracias de América Latina, y uno de los mayores obstáculos para un desarrollo económico y social sostenible.

Redaccion

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